Mitos, leyendas y realidades sobre los gatos en la Europa Medieval

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Farah Leyeli Zeraoui

EUROPA MEDIEVAL:

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De la inserción del gato en Europa circulan muchas versiones, unas refieren que fueron los griegos que, al no poder comprar gatos debido a las leyes egipcias, los robaron para introducirlos en Grecia, extendiéndose posteriormente por el resto de Europa. Otras relatan que fueron los romanos, por medio de sus numerosas conquistas territoriales, los primeros en introducir este animal en la zona.
La vida de los gatos transcurrió tranquilamente en Europa hasta la Edad Media, época en que surgió en Europa, particularmente en Inglaterra, el temor a los gatos, principalmente a los negros.gato-negro-brujas
A pesar del juicio de la iglesia católica, que lo consideraba una criatura demoníaca, los conventos y los monasterios los usaban para acabar con los roedores. Los irlandeses creían incluso que los alimentos que entraban en contacto con un gato, al igual que con otros animales, ya no se podían comer y se volvían impuros. Las penitenciarías ponían castigos que iban desde el ayuno hasta varios días a dieta severa a base de pan y agua para los que comieran cualquier alimento o líquido que hubiera estado en contacto con un animal. De la misma manera, la iglesia desaprobó un exceso de familiaridad con los animales y en especial con el gato, que es el único animal que tenía acceso a toda la casa.
Las primeras persecuciones comenzaron en el siglo V, san Patricio y después el papa Gregorio Magno declararon su cariño hacia el gato. En esta época se pueden ver gatos en las representaciones de santa Ágata y santa Gertrudis. El gato se beneficiaba de cierto respeto en el siglo XI cuando llegaron a Europa las primeras hordas de ratas negras para devorar los cereales y la fruta.

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Sin embargo, la renovación de los cultos paganos después de la peste negra y el resurgimiento del culto de Freyja, la diosa germano-escandinava de la fecundidad, hacia la mitad del siglo XIV, provocó la pérdida de los gatos, que desde entonces se asoció a cultos infernales, debido a su antigua adoración por parte de los paganos y sobre todo por el reflejo de la luz en sus ojos, que se creía que eran las llamas del infierno. En la simbología medieval, el gato se asociaba a la mala suerte y a lo maligno, también se asociaba al disimulo y a la feminidad. Su comportamiento sexual muy expresivo, su gran necesidad de dormir, considerada pereza, y sus vagabundeos han contribuido a forjar una imagen negativa. Se le atribuían poderes sobrenaturales, como la facultad de tener siete vidas. Se consideraba que el diablo se disfrazaba de gato en sus visitas a la tierra, y fue condenado al igual que sus maestros, los brujos y las brujas. En el caso de los gatos negros, color que se asociaba al diablo, una única mancha blanca en el pecho o en el cuello les concedía clemencia, ya que se consideraba que era una manifestación divina.

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Durante la inquisición, el papa Inocencio VII y su edicto de 1484 hicieron que se sacrificaran gatos para las fiestas populares, lo que marcó un gran período de persecución para el felino. Este edicto tuvo un impacto importante en las clases populares y luego se extendió a la nobleza.
En Inglaterra, bajo el reinado de María Tudor, se queman gatos como señal de la herejía protestante, mientras que bajo el de Isabel I, se queman como señal de la herejía católica.
La inquisición reunía en la misma hoguera a los herejes, a las brujas, a los asesinos y a los gatos en la noche de san Juan. En las grandes plazas de los municipios, los lugareños erigían hogueras en las que echaban a los gatos que habían capturado. Fue así como el gato estuvo ausente en la gran peste negra del siglo XIV.
Dado que los gatos se les consideraban seres diabólicos, se les mataba de pequeños, ya que a los 9 años se creía que se convertirían en brujos poderosos. La ignorancia llegó a justificar que cuando los gatos eran arrojados desde lo alto de las torres de las iglesias y no se mataban porque caían de pie, lo era en realidad porque eran salvados por el diablo.
En Escocia, los gatos eran empalados y asados vivos durante dos días, en una ceremonia llamada «La cena del diablo». En París, durante la noche de San Juan, se quemaban gatos vivos en presencia del Rey, hasta que Luis XIV prohibió estas hogueras. En las ferias de los pueblos se incluía el tiro al gato como entretenimiento (metían al gato en un canasto y había que atravesarlo disparándole flechas). Esta terrible persecución llegó a provocar que en Alsacia se representara al diablo en un carruaje arrastrado por un tiro de cuatro gatos negros.05-1
Durante la Edad Media, además de para cazar ratones, el gato se usa para varios fines, sobre todo médicos y alimenticios. La medicina medieval utilizó diferentes partes de los gatos para preparar ungüentos y medicamentos. Los excrementos de los gatos entran frecuentemente en la preparación de recetas para disminuir la caída del cabello, para curar la fiebre y la epilepsia. La grasa y la médula del gato se encuentran en los preparados para curar la artritis y otras dolencias articulares como la gota, la carne se usaba para curar los dolores de espalda o para tratar las hemorroides. Algunos tratados de medicina precisan incluso el color del gato que hay que usar dependiendo de si el origen de la enfermedad es caliente o frío. Se aconseja usar un gato negro si el origen de la enfermedad es caliente, mientras que si es frío se aconseja un gato blanco.
En los períodos de hambre o de sitio se comía la carne de gato. Era un recurso que tenía la ventaja de ser barato y fácil de encontrar. Comer gato, sin embargo, se consideraba una brutalidad cuando se hacía por gusto y no por necesidad, al menos en Francia. Parece que en España se comían gatos de forma más regular, fuera de los períodos de hambre.
El gato doméstico ha sido también usado por su piel durante la Edad Media. Las pieles que provenían de gatos se destinaban sobre todo al pueblo y no a la nobleza ya que eran baratas e iguales en calidad a las de conejo, cordero y zorro. Se hacían con ellas mantas, alfombras o cojines para sillas. Los peleteros, comerciantes de pieles, cazaban gatos en la calle o recogían sus cadáveres antes de descuartizarlos y revender sus pieles. Era normal que se aconsejase a los dueños quemar el pelo de sus gatos para que vagabundearan menos y no fueran capturados por un peletero.
Casi se lleva a la extinción europea de los gatos. Fue tal su persecución y exterminio que cuando se desató la peste negra (causada por las ratas) fue devastadora, debido al desequilibrio ecológico causado a su depredador. (Algunos podrían interpretar esto como un castigo divino)
A partir del XVII se reivindicó la existencia de los gatos debido a su habilidad para la caza de ratas. Fue muy buscado para controlarlas en los barcos, por lo que terminó diseminando su especie por todo el mundo.
La historia del gato a lo largo de décadas ha sufrido constantes cambios motivados principalmente por las creencias religiosas del momento, el entorno social y cultural o el contexto histórico donde ubicarlo, como veremos a continuación, en la historia del gato, la concepción que se ha tenido acerca de este animal ha sido de lo más dispar y contradictoria.

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Curiosamente existe una leyenda católica que cuenta la leyenda de cómo surgió el gato, y tiene que ver con el Arca Noé, donde los ratones aparecían a miles y se multiplicaban de forma descontrolada, hasta el punto de verse en peligro las provisiones, por lo que Noé pidió ayuda del Señor, quien le dijo que debía acariciar tres veces la cabeza del león. Noé hizo lo que Dios le dijo y al cabo de unos pocos segundos
el león estornudó, apareciendo de sus fosas nasales una pareja de gatos que restablecieron de inmediato el equilibrio en la embarcación.

 

BIBLIOGRAFIA:

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