LA INICIACIÓN

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La iniciación es comenzar tu propio sendero.
Un iniciado no es un personaje perfecto, sino uno que ha comenzado el camino de una disciplina de superación en cualquier aspecto de la vida y se encuentra más o menos avanzado en su camino.

Es decir, el individuo iniciado ha dejado de ser una nave sin timón, juguete del mar tempestuoso formado por las circunstancias de la vida, para ser un individuo que quiere y sabe dónde va. Es el forjador consciente de su Destino futuro, por medio de una disciplina que gobierna las tendencias de su naturaleza egoísta o personal.

Todo personaje que cultiva un ideal, es en cierto modo un iniciado. Y esto es verdadero hasta en aspecto más burdamente materialista. El que quiere ser un buen deportista se ve obligado a seguir una disciplina referente a alimentación, ahorro sexual, descanso, entrenamiento, morigeración de costumbres, represión de ciertos vicios, etc., que supone el sacrificio de los deseos y caprichos de la naturaleza instintiva y pasional, en aras de una finalidad que ha trascendido de cierta manera y se sobrepone al egoísmo personal.
El cultivo de cualquier ideal supone sacrificio; pero aquí me voy a referir solamente a lo que específicamente se llama iniciación, como disciplina para una superación espiritual; es decir, a la iniciación religiosa.

Desde los tiempos más antiguos conocidos por la historia y la leyenda, toda doctrina de filosofía religiosa ha ido acompañada de un código de preceptos morales y de una disciplina destinada a realizar el perfeccionamiento espiritual humano.
El objetivo final de esta disciplina ha sido siempre la consecución de la virtud, o sea del dominio de la naturaleza inferior o instintiva por la naturaleza superior o espiritual; lo cual supone la realización de lo divino en lo humano, la transmutación de la conciencia humana en conciencia divina, o lo que es lo mismo a «unión con Dios», yoga, yugum, epifanía, apoteosis, nirvana, glorificación, o como quiera llamársele según el credo que se profese.

10 ritos para pasar de la adolescencia a la adultez
La tribu Satere-Mawe que habita las profundidades del Amazonas cuenta con uno de los rituales más doloroso del mundo. Construyen una especie de guante lleno de hormigas paraponeras. Los niños tienen que ponerse esos guantes durante 10 minutos sin gritar. La picadura de estas hormigas es sumamente dolorosa, es alrededor de 30 veces más intensa que la picadura de una avispa o una abeja.

Para alcanzar esta finalidad (inasequible en la corta vida física para la mayor parte de las personas), las disciplinas religiosas han establecido, fundamental e invariablemente, tres etapas, cuya denominación y concepto son los siguientes:

1º. Etapa preparatoria. Por la cual se consigue la purificación de los vehículos de la personalidad, por medio de los cuales el alma se manifiesta en la vida física. Esto es, purificación del cuerpo, dominio de los instintos, deseos y pasiones, y depuración mental por el cultivo de pensamientos positivos, constructivos y eficientes.

2º. Etapa doctrinal. En la cual se estudian las doctrinas metafísicas, teológicas, cosmogónicas, antropológicas y psicológicas, previa la técnica del manejo de la inteligencia en orden al conocimiento, dominando las diversas operaciones de atención, Observación, concentración, meditación, abstracción y contemplación, necesarias para formar conceptos sólidos del Universo y de lo Humano.

3º. Etapa de realización espiritual. En la cual el pensamiento, el sentimiento y la voluntad, se unifican con la ordenación y finalidad del Universo, convirtiendo a aquel conscientemente en un instrumento de los designios superiores. 0 dicho en términos religiosos/ el hombre se convierte en un canal de la Sabiduría y de la Voluntad divinas.


La etapa preparatoria constituye más bien una eliminación de obstáculos en el sendero.
La etapa doctrinal supone el esfuerzo positivo ascendente.
La etapa de realización es la consecución de la experiencia mística.

Iniciación (1952) Eduardo Alfonso