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Duhitr Olivia

El que comprenda el principio vibratorio ha alcanzado el cetro del poder. Y por eso continuamos estudiando este apartado del Kybalión. La física cuántica descubrió, experimentalmente, que el quantum se comporta de forma diferente cuando un ojo humano lo observa. Esotéricamente, se dice que lo observado cambia bajo la mirada del observador. En ambos casos, estamos hablando de dos (o más, incluso) esferas de existencia que se modifican mutuamente en cuanto se vuelven conscientes una de la otra, puesto que el observador también cambia al darse cuenta del nuevo comportamiento de lo observado.

El observador adquiere conocimiento sobre lo observado, y a partir de éste podrá cederle el turno al transmutador, que ha recorrido un largo camino iniciático, a través de los arcanos mayores del tarot, desde el mundo, hasta convertirse en el Mago, el creador consciente, que sabe cómo generar las vibraciones necesarias para manifestar la realidad que desea.

Puede sonar intrincado, demasiado misterioso o difícil, pero en realidad es simple, como manejar un coche de velocidades (si Aleister Crowley o Paul Foster Case me oyeran se volverían a morir): comenzamos con la intención, que es el encendido; seguimos con la imaginación detallada, detalladísima, primera velocidad; la generación de las sensaciones, siempre agradables, a partir de esas imágenes, segunda velocidad; con la conciencia de que nuestra mente no distingue entre lo real y lo imaginario, experimentamos lo imaginado como una realidad presente, tercera velocidad; creamos una frase de propósito, ligándola a las imágenes, y la decimos en voz alta, poniendo atención a cualquier incomodidad o escepticismo, que deberemos debilitar, bien con un diálogo interior, o con técnicas como el tapping, cuarta velocidad; ponerse cómodo, pero no relajado, para volver mentalmente a las imágenes y corporalmente a las sensaciones, hasta estar en armonía con todo ello (de no ser así, regresar a la cuarta velocidad, para desactivar las incomodidades, tras las cuales siempre hay un pensamiento boicoteador), decir entonces la frase en voz alta o internamente, las veces que sean necesarias para sentirse absolutamente convencido y vibrando en consecuencia, quinta velocidad.

Como manejar un coche, esto requiere práctica; cada vez se hace mejor, hasta que un día nos encontramos haciéndolo en automático, justo como manejar. Pero para entonces habremos hecho un sorprendente recorrido interior que expandirá nuestra conciencia; es decir, nos habremos convertido en iniciados.

Cuando no haya ni un átomo de duda en la factibilidad de nuestros propósitos, veremos milagros.

Por hysteria