El gato en China, Japón e India

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Farah Leyeli Zeraoui


CHINA: gato-chino

El gato se intercambia por finas sedas y de esta forma llega a China. Los primeros rastros del gato que se encuentran en China datan de la dinastía Han, alrededor de 1000 años a.e.c.
El animal fue acogido calurosamente, por su belleza y su don cazando ratones. Se convierte en símbolo de paz, de fortuna y de serenidad de la familia. En esta época, el gato es un animal doméstico reservado a las mujeres, se le da el poder de atraer la buena suerte y de alejar a los demonios con la ayuda de sus ojos brillantes. La divinidad agreste Li-Show tenía la apariencia de un gato.
Existe un proverbio tradicional chino que dice que cuando un gato se frota la cara hasta las orejas significa que va a llover. También se cree que cuando esto ocurre van a venir visitantes a casa.
En el sur de China tienen la creencia de que los gatos pueden ver cosas que los humanos no podemos, como fantasmas. La gente compra gatos para mantener los malos espíritus alejados.

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Cuenta una leyenda que con motivo del nuevo año chino Buda convidó a todos los animales a una fiesta en su reino a fin de restablecer el orden del mundo. Tan sólo se presentaron doce animales y Buda les recompensó por su lealtad otorgándoles un año a cada uno de ellos.
Los animales llegaron de forma escalonada y el orden en que llegaron dice algo acerca de su personalidad.
gato-buda-2Dicen que cuando la Rata recibió la invitación se apresuró a engañar a su mejor amigo el Gato proponiéndole que echaran una siestecita, pero que se despertarían el uno al otro para que pudieran ser los primeros en llegar a Buda.
Naturalmente, el Gato confió en su vieja amiga la Rata y se quedó dormido al instante.
En cambio la Rata, astuta como era, se apresuró a esconderse en la oreja del Buey, pues sabía que éste solía despertarse temprano. Tal como era de esperar, el Buey despertó al alba y emprendió el viaje fatigosamente hacia Buda.
Justo cuando las grandes puertas del palacio se empezaban a vislumbrar a lo lejos la Rata saltó de la oreja del Buey, salió pitando y fue el primer animal en llegar a Buda. Luego llegarían el Buey, el Tigre, el Conejo, el Dragón, la Serpiente, el Caballo, la Cabra, el Mono, el Gallo, el Perro y, finalmente, el cerdo.
El Gato se quedó dormido, claro está, y nunca llegó a la fiesta de Buda. Por esa razón, no hay ningún año que lleve el nombre del Gato y, desde entonces, el Gato y la Rata siguen siendo hoy enemigos.

 

JAPÓN:

192k110dLos gatos llegaron a Japón en el siglo VI al mismo tiempo que la doctrina budista, pero su introducción real data del 19 septiembre de 999, fecha del aniversario del emperador Ichijō, al que le regalaron un gato por sus trece años. El primer nombre japonés para un gato conocido fue Myobu no Otodo, que significa “Jefa que aguarda en el Palacio”. Este nombre tan aristocrático fue dado por Ichijo.

El gato tenía un rango especial en la corte, existían mujeres al cargo de él. Escritos de la época hablaban de que el gato llevaba un collar rojo con un pendiente blanco. Durante este tiempo, bajo las órdenes de Ichijo, se prohibió que los gatos trabajaran para el hombre. De esta manera, la industria de la seda, que era de gran importancia en Japón, comenzó a sufrir, debido a que los gatos no cazaban y los ratones destruían los capullos de seda y los gusanos. Los fabricantes de seda situaban estatuas de gatos alrededor de los capullos para tratar de asustar a los ratones. Cuando el emperador se dio cuenta de que esto no funcionaba, revocó su ley y los gatos volvieron a trabajar como cazadores. El gato Bobtail japonés se convirtió en un gato callejero y fue conocido como Kazoku Neko, lo que significa, “gato familiar”.
La imagen del gato evolucionó mucho en Japón, donde era considerado a veces como portador de buena suerte por su pelaje de concha de tortuga, y otras veces maléfico por su cola ahorquillada. El éxito del gato es tan importante en el país que una ley del siglo XVIII prohibió el encarcelamiento y el comercio del animal.
Los japoneses del período feudal estaban firmemente convencidos que los gatos no eran de fiar, especialmente si nacían con una cola muy larga, la cual debía ser inmediatamente cortada para que este no se convirtiera en un monstruo.
Dentro de las leyendas que marcan al gato como de mala suerte están: el Aïnous, el gato resucitado, el gato nacido de las cenizas de un monstruo, y el de Okabe, de dos colas.
Los gatos monstruos con colas muy largas, de edad avanzada, poseen, según la creencia, una gran sabiduría sobre las costumbres humanas, pudiendo inclusive caminar erguidos en dos patas. Se dice que si alguien llega a matar algún gato monstruo estará maldito durante siete vidas.
Contradictorio a esta leyenda, se dice que la cola del gato nunca debe ser cortada ya que esta se convertirá en una serpiente bestial. Sin duda, el aspecto de serpiente de la cola de un gato cuando la mueve de lado a lado, y el hábito del gato de atraparse la cola como si esta fuera un ser independiente, han tenido mucho que ver con esta creencia.

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Históricamente a los gatos se les considera criaturas de cuidado en Japón ya que siempre se les han atribuido poderes sobrenaturales. El bake-neko se trata de un tipo de gato demonio que puede cambiar a la forma humana, tal como el kitsune (zorro) que puede tomar dicha forma temporal o permanentemente. Un gato común se puede transformar en un bake-neko de varias maneras: al sobrepasar los 13 años de edad, al alcanzar un gran tamaño (8 libras de peso), o si al nacer posee una cola muy larga y esta no se le corta. Lo que sucede con la cola larga es que al ser adultos esta llega a bifurcarse en dos, y es entonces que se le llama neko-mata.
Un bake-neko embrujará cualquier casa en la que permanezca. Al principio solo creará fantasmagóricas bolas de fuego o cambiará de posición la ubicación de la cama, pero luego comenzará a caminar en sus patas traseras, se transformará en personas, e inclusive devorará a su dueña para así robar su identidad y tomar su lugar. Al cambiar de forma, el bake-neko asediará a su víctima durante años, bebiendo su sangre. Cuando se le mata, su cuerpo puede llegar a ser tan grande como cinco pies de largo. También representa un peligro dejarle solo junto a un cadáver fresco, ya que se cree que estos son capaces de reanimar el cuerpo al saltar sobre ellos.
La creencia del gato Okabe viene de la leyenda de la anciana que invitaba a dormir en su casa a las mujeres que llegaban al templo de Okabe al atardecer. Allí las mataba y devoraba. Como consecuencia de su espíritu malvado se transformó en una piedra con forma de gato.
No todo es malo sobre los gatos en la cultura japonesa, pues también existe el famoso Maneki Neko. La historia más popular cuenta que durante el siglo XVII en Japón había un templo con pocos recursos económicos y el monje que vivía en él era muy pobre. Sin embargo, compartía con una gata la poca comida que tenía.
Un día, un señor feudal fue a cazar al bosque cercano al templo cuando, de repente, empezó a llover. Para protegerse de la tormenta, decidió cobijarse bajo un árbol que estaba en las afueras del templo. Fue entonces cuando vio a una gata que le hacía señas con una pata para que se acercase al templo.
El hombre decidió acercarse al templo. Acto seguido sobre el árbol en el que se había refugiado cayó un rayo. El señor feudal decidió pagar la reparación del templo y se aseguró de que el monje y su gata no volviesen a pasar hambre.

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También existe otra leyenda sobre el Maneki-neko que significa el gato “llamador”, y dicen que es la reencarnación del dios de la misericordia y el agradecimiento. La estatua de Maneki.neko suele representarse como un gato mi-ke o Bobtail.
Aunque es más usado en China, su origen es japonés. Dependiendo de la pata que levanten, el gato chino de la suerte tiene un milenario poder distinto: Si es la pata derecha, sirve para traer dinero y fortuna. Si es la pata izquierda, sirve para atraer visitas. Si son las dos patas, sirve como protección para tu vivienda o negocio. El gesto que realiza con la pata el Maneki Neko no es de despedida, sino de bienvenida.
También el color de los Maneki Neko influye en su místico poder: Blanco, naranja y negro: es el color de la gata original y uno de los más famosos. Sirve para dar suerte a los viajeros. Dorado o plateado: es otro de los más utilizados, sirve para atraer fortuna a los negocios. Rojo: ahuyenta a los malos espíritus y da suerte en el amor. Amarillo: sirve para mejorar tu economía. Verde: atrae salud a tus allegados. Azul: ayuda a cumplir tus sueños. Rosa: ayuda a encontrar a la persona de tu vida para casarte. Negro: aleja la mala suerte. Blanco: atrae cosas buenas para tu vida.

 

INDIA:gatos-pinturas-kalighat-india-l-n3laqp

la-diosa-shashthi-montada-en-un-gatoEn la India, el gato es honrado como en Egipto, y la diosa de la fecundidad, Satí, tiene la apariencia de un gato, igual que Bastet. Hay pequeñas estatuas hechas de cerámica que muestran esta honra. Se instalaban en ellas pequeñas lámparas de aceite para asustar a los ratones por la noche, de la misma forma que los ojos del gato se iluminan en la oscuridad. Esta facultad se usó también para alejar a los malos espíritus. Los budistas aprecian la capacidad de meditación del gato, sin embargo, éste no forma parte de los cánones del budismo. Ésta exclusión resulta de un incidente sucedido a un gato que se quedó dormido durante los funerales de Buda.

 

BIBLIOGRAFIA:

BLANK Hamer, Irene Joyce. (1995). Nuestro Gato. Ciudad de México: Trillas.
CUVALIER, Jean. (2011). Gatos: libro sorpresa para los amigos de los gatos. Barcelona, España: LAROUSSE.
HENU, Ahmed. (2009). Sacred Animals in Ancient Egypt. Museo del Cairo.
MORTIMER, Anne. (2007). Gatos, libro regalo para los amantes de los gatos. Barcelona, España: RBA Libros
OLDFIELD, Howey M. (1991). El gato en la mitología, en la religión y la magia. Barcelona, España: EDICOMUNICACIÓN.
POLLARD, Michael. (2005). Gatos, Razas, Cuidados, Historia. Barcelona, España: Paragon.

Un comentario en “El gato en China, Japón e India

  • el abril 28, 2018 a las 1:58 pm
    Permalink

    durante un mes en India vimos un solo gato. Yésto nos llamó la atención.

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