EL ÁRBOL DE YULE

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Farah Leyeli Zeraoui Sánchez

Simbólicamente hablando, Yule representa el renacimiento del Dios solar después de su muerte en Samhain. Esta celebración corresponde al solsticio de invierno, Solsticio viene de Sol y sistere,  es decir “sedente”, quedarse quieto, es el instante en que el sol se queda inmóvil. Es el primer ritual estacional de la Rueda, es el momento más frío y la noche más larga del año. Para muchas tradiciones paganas el 21 de diciembre se celebra Yule, término que procede de una palabra escandinava que significa, tabla, tronco, rueda, etc. (en alusión al cambio de ciclo). Esta fiesta es conocida como la fiesta del nacimiento de la luz; rememora el encuentro con la simbología cercana a los arquetipos femeninos de la creación y gestación de la vida.  A la misma vez se conmemora también el principio masculino de la luz, que retorna para vencer la oscuridad. Los días se vuelven más largos, según el dios sol crezca en fuerza y sabiduría. En ese día se llena de vida otra vez.

El crudo y férreo invierno simbolizaba la muerte de la vida, un aletargamiento que toda criatura viva notaba. Pero esta estación fría  es tan solo el anuncio de la benévola primavera, del  florecimiento de los frutos de la Tierra.  El invierno no es tristeza o muerte, esa es solo su apariencia, es el preludio de un nuevo florecer de la vida en la Tierra. Se celebra la esperanza del renacimiento confiando en que después de la fase de mayor oscuridad renacerá la vida que duerme bajo la tierra.

En algunas culturas paganas era costumbre adornar las casas con hiedra por dentro y por fuera, poner guirnaldas de acebo y muérdago, para proteger a los moradores de las casas y evitar visitas indeseadas. Las campanas que tradicionalmente se cuelgan como símbolo de la Navidad proceden de una antigua superstición que dice que los malos espíritus se podían ahuyentar haciendo sonar campanillas, de igual forma representan el  espíritu vital.  También se encuentran referencias a los modernos adornos navideños en forma de herradura, otra antigua forma griega de deshacerse de influencias negativas indeseables. Las manzanas y las piñas eran otros elementos simbólicos utilizados para la ocasión, ya que representan la fertilidad, la abundancia, la sabiduría y la vida después de la muerte. Las bolas de colores (esferas) y las estrellas representan a los planetas y astros, que siempre han guiado al ser humano.

Los colores empleados para los adornos son el color rojo, símbolo del nacimiento (por su asociación con la sangre) color de la vida y predominante en primavera, el verde, símbolo de la tierra y la naturaleza.  La sangre fertiliza la tierra. Y el dorado es el color del amanecer, de la luz.

Antes de que se usaran series navideñas, se ponían las velas en los árboles, simbolizando la purificación. Su llama se entendía como la representación de lo sagrado: la luz del alma del mundo. Era tradición, en muchos lugares de Europa, encender una vela y guardar vigilia aquella noche para celebrar, en silencio, la llegada de la Luz, que simbolizaba todo lo nuevo por llegar.

Se adornaban los hogares con muérdago, acebo y madreselva como símbolo de renovación, esperanza y retorno. Se consideraba que el muérdago tenía poderes especiales de sanación para aquellos que se “divirtieran” bajo él (de aquí viene la tradición del beso bajo el muérdago, probablemente en el pasado se daban más que un beso….) Y al igual que el abeto, que es de hoja perenne, servían para adornar por qué  estas plantas nunca mueren son símbolo de la perpetuidad del alma. También solía ponérsele  lazos al árbol para fortalecer la unión familiar, piedras pintadas a modo de amuleto y linternas de adoración al naciente sol.

El árbol era visto por los celtas como la esencia de la vida, una conexión entre la tierra y el cielo, eso es que es tan importante en esa fecha relativa al nacimiento del Dios Solar. Por lo general es un pino, abeto o roble. Y suele quemarse el tronco del árbol de la festividad pasada.

Las decoraciones de los paganos en Grecia y Siria del árbol de Yule también representaban las almas de los difuntos que se recordaban al final del año y realizaban una entrega de regalos sagrados como ofrendas a las deidades, Attis y Dionisio. Los romanos actualizaron ésta tradición en invierno con la fiesta de Saturnalia.

 

BIBLIOGRAFÍA:

BUCKLAND, Raymond. (2003). Wicca For Life: The Way of the Craft – From Birth to Summerland. USA: Citadel.

FARRAR, Janet, y FARRAR Stewart. (1981).Eight Sabbats for Witches. USA: Phoenix Publising, Inc.

MORRISON, Dorothy. (2000). Yule: A celebration of Light and Warmth. St. Paul Minnesota. USA: Llewellyn Publications.

NICHOLS, Mike.  Eight Sabbats of Witchcraft. USA: Abika.

O´GAEA, Ashleen.  (2004). Celebrating the seasons of life: Samhain to Ostara. USA: New Page Books.

 

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